Aurelio Figueroa J.J

Mis pensamientos son universales

Hoy es viernes, fin de semana de la segunda semana de este año que acaba de comenzar. Este año se siente conocido, pero debo buscar la manera de hacerlo misterioso, tomando nuevas rutas y caminos para llegar a mi destino; es mi deber no pasar por el mismo camino o se perderá el sabor de la aventura que cada año trae consigo mismo para el crecimiento personal y espiritual. Yo Aurelio Figueroa debo encontrar nuevos caminos si busco crecer y trascender.

Hoy, hoy me toca encontrar un camino más amplio, que me lleve más allá del horizonte, porque ya no camino solo. Hace cuatro años caminaba solo, buscando la luz, esforzándome por salir de la cuesta y ver con una vista panorámica el paisaje que había al subir la montaña de mi mente… pero muchas veces resbalé, resbalé una y otra vez. Mi mente siempre tenía para mí una dificultad mayor cuando yo sentía que había superado lo más difícil, y veía el clarear de la cima de la montaña, sintiendo como mi corazón palpitaba fuerte a un ritmo lento, pudiendo sentir la sangre recorrer por mis venas, recorrer de alegría y gozo sintiendo que yo, Aurelio, por fin subiría a la cima de la montaña que mi mente construyó a lo largo de mis 27 años de vida. Superarme, dejar al Aurelio viejo, triste e indisciplinado, era mi mayor propósito, pero la cuesta era muy alta, porque la vida mía se encargó de llevarme por un camino llano pero sin nada valioso.

Cuando el viejo Aurelio se dio cuenta de que solo estaba caminando por un llano rodeado de una gran montaña que no le dejaba ver lo bello que había más allá de ese camino fácil y aburrido por el cual caminaba. Cuando se dio cuenta, o me di cuenta, porque el que ahora escribe es el nuevo Aurelio; fue cuando decidí subir. Elegí dejar la comodidad, el aburrimiento y aventurarme a ver de qué era capaz y hasta dónde podía llegar; el deseo que se entronizó en mí fue de ver qué había más allá de mi montaña.

Lo intenté desde los 23 años, comencé a intentarlo con toda mi energía y determinación. Subí, subí, subí y seguí subiendo, enfrentando cada desafío que se cruzaba en mi camino. Sin embargo, es que en la vida, la verdad es que nada es fácil, excepto perderse y dejarse arrastrar por la corriente, lo que puede parecer atractivo en momentos de dificultad. Pero aun eso tiene un precio muy triste, porque a veces, al dejarse llevar, uno se aleja de sus verdaderos sueños y aspiraciones, olvidando las razones por las cuales una vez decidió luchar. La búsqueda de la felicidad y el éxito puede ser un camino solitario y lleno de obstáculos, y en esas circunstancias, uno debe recordar que aunque caer es parte del proceso, levantarse es lo que realmente define nuestra esencia.

Hasta mis 27 años seguia intentandolo, subia a veces casi a la cima pero el clima, las circunstancias muchas veces no neran favorables y termine resbalando una y otra y otra y otra yotra yotra yotra vez, incluso decidi entre dientes ya no seguir intentando cambiar lo que ya estaba hecho en mi ¡oh, oh! pero el deseo de concoer algo nuevo ardia en mi interior, algo dentro de mi ser no consintio rendirse y segui intentando subir. Cada intento lo hice solo, no tenia de quien apoyarme.

LA SUPERACION PERSONAL ES UN CAMINO QUE SE RECORRE SOLO, NO POR ORGULLO, SI NO PPORQUE NADIE SABE LO QUE POR TU MENTE E INTERIOR SUCEDE.

Y cuando volvió a mí el desánimo y sentí que era imposible subir, sucedió lo que jamás imaginé. Ya estaba en un lugar alto de la montaña, con las vistas extendiéndose como un mosaico de tonos verdes y azules, pero no lograba subir hasta la cima. Cada paso se sentía como una carga inmensa, y cuando dije «no más, solo no lo lograré», una sombra de desesperanza comenzó a envolverme. Entonces, así de la nada, llegó a mi vida, introduciéndose en todo mi interior, como un rayo de luz que disipa la neblina. Se metió en mi mente, tocó mis deseos más profundos, se estableció en mi corazón y me dijo: «yo te ayudo, tu montaña es como la mía, aceptame como tu compañera y subamos juntos». Esa voz fue como bálsamo para todas mis heridas, un abrazo cálido en un día helado; era como el aroma de alguna flor silvestre que jamás había sentido, fresco y revitalizante. Mis ánimos volvieron, las fuerzas se duplicaron, una nueva energía corría por mis venas. La tomé de la mano, me comprometí con ella y, juntos, ahora ascendemos hacia la cima, sintiendo cada conquista en el camino, sabiendo que, aunque la montaña sea escarpada, la experiencia compartida me hizo más fuerte y valiente.

Ella es de quien hablo, Selene mi compañera.

Con ella e logrado mas de lo que pude imaginar, Selene y Aurelio creciendo juntos.

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